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SI BIEN TE QUIERES, NO TE HARÁS SUFRIR

b_380_0_16777215_00_images_magnani.jpgHay una diferencia entre el dolor y el sufrimiento. El dolor es inevitable, y se siente cuando tenemos que renunciar a algo que nos hace felices. Duele la muerte de alguien querido, el desamor, la decepción, las separaciones forzosas, la frustración...

Y otra cosa es el sufrimiento. El sufrimiento lo construimos, lo alimentamos, lo engordamos y lo hacemos creer. Nosotras solitas.

Las mujeres, a las que se nos ha enseñado a construir nuestra autoestima en torno a la aceptación de los demás, que hemos aprendido a querernos en función de cuánto y cómo nos quieran, hemos aprendido a construir un sufrimiento que siempre es más grande que el dolor, y que hace mucho más daño.

Cuando perdemos a alguien a quien queremos, o cuando no encontramos a alguien que nos quiera, o cuando no nos quiere quien nosotras queramos que nos quiera, construimos una bola de sufrimiento en torno al dolor natural de la pérdida, que se alimenta de los agujeros de nuestra autoestima.

Si nadie me quiere, será por mi culpa”. Porque no soy interesante, porque no soy lista, porque no soy guapa, porque no soy divertida, porque no soy buena en la cama, porque las otras son mejores, porque soy gorda, porque soy flaca, porque “me pasa algo”, porque “algo hago mal”...

En la medida en que nos queremos sólo si otras personas nos quieren, nuestra autoestima -osea nuestro “autoamor”- no encuentra sitio para sacarnos del sufrimiento y hacernos entender que el dolor es real, pero pasa, y que el sufrimiento es una construcción nuestra, y que nosotras lo podemos destruir.

Entender que la persona que más nos quiere en el mundo somos nosotras mismas, ser capaces de reconocer todo lo bueno que somos y de aprender a convivir con nuestras debilidades, caernos bien, gustarnos, -en definitiva- querernos, es una forma de vivir el dolor, sin dejarnos boicotear por el sufrimiento.

Y así, la próxima vez que alguien se vaya, nos deje, no nos quiera, podremos sentarnos al lado del dolor, dejarle que haga su trabajo, que nos enseñe cosas, pero impedir al miedo, el autodesprecio, la inseguridad, la culpa, que formen esa bola de sufrimiento inventado que nos hace cada vez más pequeñitas.

Eso es lo que decimos al gritar “lo personal es político” en las manis. Que si no estamos dispuestas a que el sistema patriarcal nos diga que valemos menos, tampoco vamos a dejar que lo haga el dolor.