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OPERACIÓN BIKINAZI

b_380_0_16777215_00_images_bikinazi.jpg¿Tienes lorzas? ¿Celulitis? ¿Piel de naranja? ¿Flacidez? ¿Barriga? ¿Cartucheras?

Aunque, tú, igual, en el espejo, te ves relativamente bien. Si es así, o no te has observado detenidamente, o vives en un planeta extraterrícola, en el que permaneces ajena a las imposiciones esclavizantes del modelo impuesto de belleza obligatoria.

Te lo contamos. Es obligatorio estar delgada. Nunca es suficiente ni tiene que ver con la salud, ni con la estética. Siempre habrá otra más delgada, Siempre habrá otra con los brazos más finos, la tripa más plana, las piernas más separadas. Siempre habrá otra que pese menos que tú. O una que pese más que tú, pero lo tenga “mejor repartido”. Siempre habrá otra que tenga más tetas y menos culo. O al revés.

Siempre habrá una mujer, joven y bronceada, que te mirará desde las vallas publicitarias, desde las marquesinas de los autobuses, desde los escaparates... Una a la que el bikini SI le quedará bien. Una que tendrá lo que hay que tener en la parte de arriba, lo que no hay que tener en la parte de abajo, y lo que sí -y lo que no- hay que tener entre los dos minúsculos trozos de tela que condicionan tu verano. Y tú te compararás con ella, y te pondrás a comer lechuga, o te comprarás un modelo tipo paracaídas, o te pasarás el verano escondiéndote por las esquinas.

O puedes comprarte una de esas revistas en las que las mujeres a las que deberías parecerte aparecen humilladas, afeadas, humanas. Y conformarte con la idea que “ellas” tampoco lo alcanzan.

Pero lo que no puedes hacer es asumir tu propia imagen frente al espejo. Aprender a quererte tal y como eres. Aprender que, quien no te quiera tal y como eres, ni te merece ni te conviene. Aprender que la salud, la satisfacción personal, ni siquiera la belleza, tienen nada que ver con la delgadez, ni con la persecución enfermiza de referentes inventados por la industria publicitaria y el photoshop.

Porque, si hicieras eso, te sobraría mucho tiempo, mucha energía y mucho dinero. Todo el que no dedicaras a adelgazar, a rejuvenecer, a parecerte a otras que no seas tú.

Y, entonces, resultarías muy peligrosa. Porque serías una mujer libre, que no se siente intimidada por la mirada ajena, que no cree que tiene que construirse en función de las necesidades y deseos de otros. Y, entonces, serías una mujer muy rara.