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25 MUESCAS

sumisas.jpgSi en un estado civilizado, cuatro personas fueran asesinadas en dos días por cuestiones ideológicas, las calles estarían llenas de gente manifestándose, de actos de protesta, de indignación.

Si en un estado civilizado, 25 personas hubieran sido asesinadas en cinco meses por cuestiones ideológicas, las calles estarían llenas de policía, de declaraciones institucionales... de tanques.

Pero, si las asesinadas no son personas, son mujeres, las calles están llenas de anuncios en los que aparecemos expuestas como cachos de carne, de tiendas en las que las maniquíes reproducen modelos de belleza imposibles, de hombres que opinan sobre nuestros cuerpos sin que se lo pidamos, de mujeres que creen que esto de la desigualdad es un invento de las feministas.

El patriarcado español se ha apuntado ya 25 muescas en su arma de desigualdad, represión, control y violencia contra las mujeres. Pero las calles no están llenas de gente manifestándose, ni de declaraciones institucionales, ni de tanques...

Porque los asesinatos ideológicos contra las mujeres están legitimados, justificados, tolerados y alentados por todo un sistema de cómplices, que nos impiden asumir lo que, en realidad, está pasando.

Los medios de comunicación, que hablan de “mujeres fallecidas en manos de su pareja”, como si la pobre hubiera muerto dulce e irremediablemente en sus brazos, que entrevistan a las vecinas hablando de lo majo que era el asesino, que hacen referencia a si las mujeres habían denunciado antes o no... son cómplices del terrorismo machista.

Los responsables institucionales, que ponen cara de pena y hablan de “lacra” cada vez que hay una nueva asesinada, pero legislan y gobiernan como si la violencia contra las mujeres fuera un hecho aislado relativo a la vida privada, y no un sistema de pensamiento y acción violenta contra la mitad de la población... son cómplices del terrorismo machista.

Las religiones, que presentan a las mujeres como cuerpos reproductores y sucias portadoras del pecado, que ven a los agresores como víctimas de la pérfida tentación de las mujeres, siempre provocando y siempre desobedeciendo... son cómplices del terrorismo machista.

No podemos evitar que, en pocos días, otro hombre asesine a “su” mujer porque ella haya pretendido ser su única dueña. Pero podemos dejar de escuchar y -sobre todo- de creer a sus cómplices.