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PAGAR POR FOLLAR

sexysmo
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Del sexo con amor ya nos hemos quitado. Ya no necesitamos querer, ni que nos quieran, para follar. Es posible que las mujeres sigamos ofreciendo sexo para conseguir amor, y que los hombres sigan ofreciendo amor para conseguir sexo... pero las cosas han cambiado mucho.

Pero no es lo único que ha cambiado. El sexo ya no es gratis.

El sexo, algo que -se supone- debería ser natural, espontáneo, pelin salvaje, instintivo, eso que nos conecta con nuestra parte animal -algo que cualquier bicho practica con insultante facilidad-, se ha convertido en un premio. Algo que hay que merecerse, que ganarse, o que pagar...

Ahora, para follar hay que ser sexy, estar siempre disponible y estar dispuesta a todo. Ser una acróbata sexual, alumna aventajada de Matahari, en eterno estado de depilación y con las bragas de la suerte siempre puestas, por si acaso hay oportunidad de quitárselas.

Porque ser “sexy” es obligatorio. Y significa exactamente lo que la alianza perfecta entre patriarcado y capitalismo han decidido que sea: coño de actriz porno, entrega de prostituta de lujo, lencería de striper, depilación de ciclista, disponibilidad de servicio de urgencias y cajón de juguetes de criatura mimada después de reyes...

Porque el sexo, ese medio de comunicación insustituible, esa fuente de placer incomparable, ese espacio de liberación corporal que podía ser, se ha convertido en el gran objeto de consumo de nuestras sociedades, que lo consumen todo.

Hay que comprar para follar. Condones de sabores, velas de colores, bragas de encaje, juguetes vibradores, aceites masajeadores, pinturas corporales, ligueros para arrancar, pañuelos para atar, bombones para enamorar, bandas de depilar, cuchillas de afeitar, pelis para “calentar”, drogas para dilatar, aplicaciones del teléfono para contactar... Cualquier cosa que no sean dos -o más (o menos)- cuerpos desnudos -o como les dé la gana- ofreciéndose y pidiéndose placer mutuamente y contándose cosas sobre el deseo que no están en el menú.

Debería ser ese espacio donde hiciéramos de verdad, lo que nos sale del coño (o de la polla, o de lo que tenga o no tenga cada cual), pero no creo que nos dejen... la gente que hace lo que desea es muy peligrosa, porque luego, ya, no quiere hacer otra cosa.