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LAS MUJERES QUE ODIABAN A LOS HOMBRES

b_254_309_16777215_00_images_feminazi.jpgNo sé si pedirme feminazi o hembrista. Ya me han llamado las dos cosas. Y debe ser porque voy por la vida con una tijera castradora, amputando penes y coleccionando testículos ajenos, para colgarlos en mi salón de trofeos, que tiene todas las paredes lilas.

O igual es porque existe un sector de hombres (¡y de mujeres!) que considera que pretender que las mujeres seamos tratadas como personas, tengamos los mismos derechos que cualquier ser humano y disfrutemos de las mismas oportunidades que el resto de la gente, es ser una radical, una loca, una extremista, una tarada con complejos que no soporta que la selección “natural” nos haya puesto en el lugar que nos corresponde, una malfollada...

¿Que te molesta que los cerdos incapaces de contener sus impulsos te digan burradas por la calle, en vez de entender que -pobrecitos- no pueden evitar rendirse a tus encantos, que -por otro lado- vas exhibiendo como una buscona? Feminazi. ¿Que pretendes que los intereses y los problemas específicos de las mujeres formen parte en igualdad de condiciones de las agendas políticas de partidos, organizaciones e instituciones? Hembrista. ¿Qué reivindicas que las mujeres tenemos otras expectativas en la vida que ponernos buenorras para que nos insemine un macho y nos regale robots de cocina y cremas antiarrugas por navidad? Hembrista Feminazi. ¿Que te exasperas cuando ves a compañeros de izquierdas reproduciendo -otra vez- todas las desigualdades que han demostrado desde la Revolución Francesa que, si la revolución no es feminista, será una mierda patriarcal? Feminazi Hembrista.

Pues, si. Me pido las dos cosas. Y así dejo sin argumentos a todos los gurús del pensamiento liberal que creen que luchar contra la desigualdad de las mujeres entorpece la lucha de clases, está pasado de moda o es propio de lesbianorras y amargadas.

Y así, me legitimo a mí misma para sacar mi tijera castradora la próxima vez que alguien me hable de la igualdad real, de las denuncias falsas, de las bajas por maternidad, de las mujeres violentas, de la custodia compartida por defecto, del instinto maternal, de las feminazis o de las hembristas.