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TEN UN PLAN: ¿GUARRA O LIMPIA?

b_221_147_16777215_00_images_geisha.jpgVa una marca de ropa para daltónicas, copiona (pregúntale a Custo) y de nada igualitario nombre, hace un anuncio en el que se concentran todos los tópicos de la misoginia, y se lía parda.
Y no es más que uno entre millones de anuncios en los que sale una mujer escuálida, en bragas y cuya única preocupación en la vida es estar buena, pero no para regodearse en su belleza, sino para follarse a su jefe y -de paso- que se jodan las de contabilidad.

Y es que en esa fábrica de sueños que es la publicidad, sólo hay dos tipos de mujeres: las que se pasean por la vida medio en pelotas, gateando, restregándose, olisqueando, refrescándose en cataratas, subiendo escaleras mientras arrastran vestidos de larga cola y profundo escote; y las que van siempre en ropa cómoda, y empalman desayunos multitudinarios con limpiezas exhaustivas de enormes y blancas casas, y te dejan el uniforme de karateka como la patena, sin despeinarse.
Las primeras se ponen elixires mágicos, ungüentos (osea, lo que viene a ser colonias y cremas) para permanecer eternamente jóvenes y bellas (osea, lo que viene a ser escuálidas) y conseguir así, con su obviedad sexual, conquistar a ese Hombre, que las liberará para siempre de la eterna búsqueda y la desazón constante. Y les pagará las cremas, de paso.
Las segundas, se ponen ropa clara y maquillaje discreto, austeras pero elegantes, y limpian y cocinan y alimentan y cuidan y consuelan y acarician y sonríen y apagan la luz cuando todo el mundo se ha ido a la cama. Y consiguen, así, el amor de “los suyos”.
Porque eso es lo que buscamos las mujeres: el amor. Ese es nuestro plan, nuestro sentido en la vida. Buscar un hombre que nos quiera, encontrarlo, cazarlo, comprarnos una casa en la que predomine el blanco, tener mogollón de criaturas y alimentarlas y cuidarlas, para ganarnos su amor; nuestro premio.
Algunas se quedan atrapadas en la fase de arrastre y búsqueda desesperada, y se convierten en postre esporádico en la fiesta ajada de la soltería, sin nadie que las quiera.
A otras las atrapa el amor de “los suyos” y se quedan sin postre y sin tiempo para quererse ellas.
Pues yo tengo otros planes. Y no soy la única.